Hola! Como lo tratamos hoy, la novela histórica tradicional hispanoamericana puede comprenderse desde el proceso que Ana Pizarro propone para la literatura latinoamericana, particularmente en su integración dentro de los períodos de la Emancipación (romanticismo, realismo y modernismo) y de la Independencia (regionalismo y vanguardismo). Ello permite entender que la NHT -sobre todo la decimonónica- opera dentro de los proyectos de formación nacional. De hecho, así lo sostiene Carlos Pachecho: “Desde
la Amalia de Mármol
hasta Las lanzas coloradas de Uslar
Pietri, pasando por el Martín Rivas de Blest y Gana o La gloria de
Don Ramiro de Enrique Larreta, si contemplamos el desfile de las novelas
conceptuables como históricas, las hallaremos revestidas de atuendos
románticos, realistas, naturalistas, modernistas o vanguardistas. A pesar de
estas marcas estéticas diferenciales, hasta mediados de este siglo, estas obras
dibujan —puede decirse— una trayectoria regida por un código estético y representacional
relativamente estable. Una caracterización sucinta incluiría entre sus rasgos
principales un sostenido respeto al dato historiográfico; una
utilización medida, controlada, de lo imaginario; una concepción que suele
reducir «lo histórico» a la esfera pública de la vida política nacional y,
sobre todo, una función, dentro de la dinámica cultural, que podría
denominarse «constructiva». Este último aspecto es crucial. Junto a la
narrativa historiográfica, el discurso jurídico y político, el periodismo y
otros textos culturales, nuestra novela histórica funcionó tradicionalmente, en
especial a lo largo del XIX, como bastión de refuerzo en el proceso de diseño,
desarrollo y consolidación de los proyectos nacionales en cada uno de
nuestros países” (un buen ejemplo de estos rasgos lo constituye la "Carta-prólogo" que Vicente Fidel López antepone a su novela La novia del hereje).
Por cierto, no hay que perder de vista que estos proyectos fueron forjados por escritores románticos que, a fin de legitimar su discurso y de hacer efectivas sus propuestas, debieron articularse con las esferas de poder, a raíz de lo cual pasaron a formar parte de lo que Ángel Rama llamó la "ciudad letrada" (esta idea la tomo de Jorge Myers). De
ahí que Seymour Menton identifique como segunda finalidad de las novelas históricas decimonónicas el
“respaldar la causa política de los liberales contra los conservadores”.
Ahora bien, con respecto a la función constructiva mencionada por Pacheco hay que efectuar una matización, puesto que “la creación de una conciencia nacional familiarizando a sus
lectores con los personajes y los sucesos del pasado” (S. Menton) o aquella fundación de mitos, arquetipos, creencias y valores de que habla Fernando Aínsa resulta
problematizable cuando pensamos en que las ex colonias hispanoamericanas,
aspirantes a naciones, para fundarse a sí mismas y proyectarse en el futuro debían
construirse una historia, un pasado. ¿Y cuál debía ser el pasado de estas nuevas
naciones? Un pasado útil a los proyectos románticos. Por ende -como lo sostiene Noé Jitrik-, hubo una selección de imágenes en la elaboración de las historias nacionales. Y la novela histórica no fue ajena a esta operación. Es más, según L. Grützmacher la NH romántica contribuyó fuertemente a “la
creación de una imagen estereotipada e ideologizada del pasado de América. Esta
imagen será uno de los blancos de la novela histórica de la segunda mitad del
siglo XX, que se interesará particularmente por la cuestión de la formación
de la identidad nacional, entendida ya no tanto como una misión a cumplir,
sino más bien como un proceso cuya génesis hay que describir y
problematizar, a veces llegando a cuestionar sus fundamentos".
Ojalá puedan leer esto antes del miércoles pues nos será bastante útil para la lecturas de las novelas.
Saludos y nos vemos pronto!
La novela histórica tradicional (1826-1949)
Publicado por Jorge Cáceres en 22:28 Etiquetas: Comentarios sobre el curso
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)



0 comentarios:
Publicar un comentario