Sobre el recurso digital

Estimadas y estimados, recuerden que en la última sesión acordamos incluir en su recurso pedagógico un mínimo de tres actividades. Además, no olviden que el próximo miércoles deberán presentar un avance de su trabajo frente al curso para recibir comentarios y aportes. Por cierto -y como ya se los anuncié-, esta opción estará disponible sólo para aquellos grupos que me hayan informado de sus integrantes (el plazo vence hoy). Una última cosa: el artículo de L. Grützmacher es de bibliografía obligatoria, es decir, sus propuestas deben tomarlas como bases para desarrollar su recurso. Entre ellas, una que me interesa es la de aludir a aspectos de las novelas que vayan más allá de su mera comprensión como novelas históricas.
Saludos y feliz fin de año!!!

Presentaciones

¡Hola! Les dejo acá cuatro presentaciones que me han enviado sus compañeros y compañeras: Las lanzas coloradas"Las trampas del concepto de la nueva novela histórica"El mundo alucinante y El arpa y la sombra. Espero que me envíen pronto las de Maluco y Maldita yo entre las mujeres para que todos podamos tener acceso a ellas.
Saludos!

Acerca del recurso didáctico

Estimadas y estimados, les dejo el documento con las indicaciones para desarrollar el recurso didáctico electrónico-digital-virtual que ambos paralelos decidieron escoger como actividad final para el curso. El valor de la nota es de un 40% y la fecha de entrega es el 11 de enero hasta las 14:00 hrs. por este mismo canal. No se aceptarán trabajos atrasados (¿de qué serviría, entonces, toda la saliva que gasté hoy sermoneándolxs?).
Cualquier aporte o comentario es bienvenido. Saludos y mucha suerte!

A quien pueda interesar

Esperaba que se hiciera mención de la siguiente cita en las exposiciones de El arpa y la sombra. Como no fue así, no resistí la tentación de colocarla aquí. Tomada por A. Carpentier del Eclesiastés y a propósito de lo acontecido este año:

"aquel que persigue el lucro será víctima del lucro"

¿Nueva novela histórica o metaficción historiográfica?

Esta es la pregunta que me surge luego de leer "Las trampas del concepto la nueva novela histórica..." de L. Grützmacher, un trabajo que viene a discutir los presupuestos básicos y aceptados de lo que se ha dado en llamar la "nueva novela histórica" (S. Menton). No les pido una respuesta, pero sí al menos tener presenta el problema. Además, recuerden que este texto es de referencia obligatoria para su monografía final.
Les dejo la presentación que vimos este miércoles para estudiar el tema.
Saludos y suerte con su ensayo!

Ficción posmoderna y metaficción historiográfica

Estimadas y estimados, les adjunto la presentación sobre las propuestas de Brian McHale ("ficción posmoderna") y Linda Hutcheon ("metaficción historiográfica") acerca de la novela histórica. En lo personal, me parecen dos formulaciones muy útiles para el curso pues de ellas se derivan varias ideas que hemos visto presentes en los trabajos de F. Aínsa, S. Menton y L. Grützmacher. Pongan especial atención a la noción de "metaficción historiográfica" ya que -como lo propone Grützmacher- puede ser una alternativa absolutamente válida al concepto de "nueva novela histórica".
Saludos!

Como ya lo comentábamos en las primeras clases, la NH no puede pensarse ni concretarse sin el pre-texto histórico. En otras palabras, decíamos, no hay NH sin Historia (en sus acepciones de “hechos del pasado” e “investigación sobre esos hechos” y en cuanto a su racionalidad). Además —según Celia Fernández Prieto—, la NH puede entenderse como una forma moderna de actualización de esa larga relación entre historia y ficción que se ha dado en el mundo occidental. Por lo tanto, para lograr una mejor comprensión del surgimiento y auge de la llamada “nueva novela histórica” resulta conveniente estudiar los cambios en las concepciones historiográficas acaecidos principalmente durante la segunda mitad del siglo XX. Ya lo dice Fernando Aínsa: “El auge de la NH en América Latina, operada en el marco de una renovación del género a nivel mundial, se ha dado en forma paralela a la apertura de la historia como disciplina a otros campos (la micro-historia, la historia social, la historia de la vida privada, de las mentalidades, de la sexualidad, de la locura, etc.) y a las discusiones teórica sobre la naturaleza de los discursos historiográfico y ficcional”.

En este sentido, Fernández Prieto ordena en cuatro ámbitos las debates que han puesto en cuestionamiento las dicotomías del pensamiento moderno (sujeto/objeto, realidad/ficción, historia/novela, etc.).

A) Descrédito de los paradigmas objetivistas

A.1) CFP habla del derrumbamiento de los grandes paradigmas objetivistas: la escuela francesa de los Annales, la historiografía marxista o la historiografía liberal británica. En reemplazo de estas líneas historiográficas han proliferado otros tipos de estudios tales como la microhistoria, la macrohistoria o historia comparada de grandes procesos sociales, la historia oral, la historia de la vida privada, de las ideas, de las mentalidades, de la sexualidad, de la locura, etc., estudios que se engloban dentro de la llamada Nueva Historia. Esta multiplicidad de orientaciones ha vuelto a poner en el tapete la posibilidad de lograr un conocimiento objetivo del pasado, de la sociedad, de los procesos de cambio, etc. En este contexto, el historiador, más que explicar el pasado, lo interpreta; y esa interpretación es siempre hecha desde su presente: “sólo podemos captar el pasado y lograr comprenderlo a través del cristal del presente. El historiador pertenece a su época y está vinculado a ella por las condiciones de la existencia humana […] Y es que el historiador no tiene más remedio que elegir: el uso del lenguaje le veda la neutralidad […] El historiador no pertenece al ayer sino al hoy” (Carr, 1984, pp. 33-34).

B) De la Voz de la Historia a las voces de la Historia

B.1) De acuerdo a Peter Burke, la comprensión crítica de la objetividad histórica como quimera y la consecuente asunción de la subjetividad o el perspectivismo ha llevado a la aceptación y presentación de puntos de vista opuestos a la hora de comprender el pasado. El monologismo de la historia tradicional (rankeana), que pretendía ocultar toda huella de la enunciación a fin de dejar hablar a los hechos, ha sido superado por la heteroglosia: “Nos hemos desplazado del ideal de la Voz de la Historia a la heteroglosia, definida como un conjunto de «voces diversas y opuestas»” (2001a, p. 20).

B.2) Este es un recurso que a Burke le parece apropiado tomar prestado de la literatura (el multiperspectivismo) pues “un recurso así permitiría una interpretación del enfrentamiento a la manera de un conflicto entre interpretaciones” (2001b, p. 333).

C) Pérdida de las “fes unificantes”. Nuevo concepto del progreso

C.1) La demolición de la teoría que planteaba la existencia de un principio unificador de carácter universal que daba sentido al proceso evolutivo de las sociedades, causó desconcierto entre los historiadores. Había llegado el “fin del sentido emancipador de la historia” al que hacía referencia en un breve artículo de 1986 el filósofo italiano Gianni Vattimo: la visión cristiana de la historia, la idealista, la positivista y la marxista habían perdido su fuerza como “fes unificantes”. Pérdida que trajo consigo una “secularización del progreso”: “si hemos de definir hoy el progreso, hemos de hacerlo como camino, como desarrollo hacia una condición en la que será posible un progreso posterior. Desarrollo hacia otro desarrollo y nada más” (p. 12).

C.2) Este vaciamiento de la idea de progreso sería el resultado del progreso mismo en la medida en que esto ha significado el desplegarse de una multiplicidad de culturas y sistema de valores, múltiples culturas que “han tomado la palabra para relativizar cualquier intento de identificar la humanidad con un determinado tipo de hombre”.

D) La ficción y la narración en la Historia

D.1) Robin G. Collinwood, “La imaginación histórica”, en The idea of history (1946). En este trabajo dice RC:

- El pensamiento histórico no se asemeja absolutamente ni a la percepción (tienen como objeto propio algo individual, pero lo que se percibe es esto, aquí y ahora, mientras que el pensar histórico se ocupa de acontecimientos que ya ocurrieron) ni a la ciencia (en ambos el conocimiento es inferencias, pero la ciencia se interesa por lo universal abstracto, en tanto que el pensar histórico obtiene un conocimiento razonado de lo que es transitorio y concreto). La historia es una tercera cosa.
- RC rebate la concepción de la historia dada por el sentido común, según la cual las cosas esenciales en la historia son la autoridad y la memoria.
- Las autoridades (fuentes) del historiador son siempre modificadas de tres maneras: selección, construcción (interpolación) y crítica (p. 229) à El historiador es su propia autoridad y su pensamiento es autónomo, auto-autorizante.
- Tampoco la historia depende de la memoria. Puede redescubrir lo olvidado por completo o descubrir lo que nadie había descubierto mediante el tratamiento crítico de sus fuentes y la revisión de fuentes no escritas.
- Historia constructiva: interpolación, entre las afirmaciones tomadas de nuestras autoridades, de otras implícitas en ellas. Esta interpolación tiene dos rasgos: es necesaria (no caprichosa, arbitraria o fantástica) y lo inferido es algo imaginado. La imaginación a priori “salva los huecos entre lo que nuestras autoridades nos dicen, le da continuidad a la narración o descripción histórica” (p. 234). Esta imaginación no inventa sino que completa.
- Historia crítica: los puntos supuestamente fijos, entre los cuales teje su red la imaginación histórica, no se nos dan pre-confeccionados sino que hay que obtenerlos con el pensamiento crítico. Los datos o hechos históricos hay que construirlos (como dice Ricoeur, éstos no preceden a la historiografía sino que son resultado de ella).
- Por lo tanto, “la imagen que el historiador traza del pasado en así, en todos sus detalles, imaginaria” (p. 238).
- Los límites entre la historia y la novela se desdibujan pues ambas son obras de la imaginación. Sin embargo, “difieren en tanto que la imagen del historiador pretende ser verdadera. El novelista sólo tiene una tarea: construir una imagen coherente, que tenga sentido. El historiador tiene una doble tarea: tiene que hacer esto y además construir una imagen de las cosas, tales como ellas fueron, y de los acontecimientos, tales como ocurrieron” (p. 239).

D.2) Paul Veyne, Cómo se escribe la historia (1971).

- Al preguntarse qué es la historia, Veyne responde que ésta no es una ciencia, que no explica y que no tiene método. En realidad, “la historia es una novela verdadera” (p. 10).
- La historia es relato de acontecimientos y, por lo mismo, no nos hace revivir nada. “De la misma forma que la novela, la historia selecciona, simplifica, organiza, resume un siglo en una página” (p. 14).
- La historia es conocimiento a través de documentos, pero va más allá pues el acontecimiento no es el documento mismo. No se trata de un fotomontaje documental ni de una presentación del pasado en directo: la historia es diégesis y no mímesis (p. 15).
- Para Veyne, una vez que los acontecimientos ingresan al texto histórico como hechos ya no existen aisladamente, sino en mutuas relaciones objetivas determinadas por la elección subjetiva del tema que ha hecho el historiador. El tejido de la historia así constituido es lo que Veyne llama una trama, “una mezcla muy humana y muy poco ‘científica’ de azar, de causas materiales y de fines [. . .] un fragmento de la vida real que el historiador desgaja a su antojo y en el que los hechos mantienen relaciones objetivas y poseen también una importancia relativa” (p. 34), que no tienen en la realidad. Ningún acontecimiento en sí tiene más valor que otro fuera de la trama impuesta por el historiador. Distintos historiadores pueden elegir diversos itinerarios de acontecimientos, pero “ninguno de esos itinerarios es el verdadero, ninguno es la Historia” (p. 37).

D.3) Hayden White, "El valor de la narrativa en la representación de la realidad" (1980).

- Para este texto, los remito a la excelente presentación de sus compañeras Claudia Vergara y Katherine Fuentes.

¿Conclusión? El concepto de historia que orientó a la novela histórica tradicional vino en decadencia, sin embargo, ello no significó la desaparición del género. Por el contrario, lo que se produjo a la larga fue una actualización del mismo a partir de las nuevas concepciones historiográficas formuladas especialmente durante la segunda mitad del siglo XX, las que rebatieron la epistemología histórica hasta entonces dominante y señalaron a la historia “como una escritura siempre construida a partir de figuras retóricas y de estructuras narrativas que también son las de la ficción”, cuestión que obligó “a los historiadores a abandonar la certidumbre de una coincidencia total entre el pasado tal como fue y la explicación histórica que lo sustenta” (Chartier, 2007, pp. 21-22).

En definitiva, la capacidad especular que el positivismo rankeano le otorgó a la historia se vio suplantada por una actitud escéptica ante la objetividad histórica y éste fue el aliciente perfecto para que la novela histórica tomara un recurso. Así, impregnado de una nueva historicidad, el género se desligó de su función constructiva a nivel nacional y renegó del sometimiento al dato historiográfico, desarrollando, en cambio, “una tarea deconstructiva de las concepciones establecidas” (Pacheco, 1997, p. 34) y, a partir de esto, una “distorsión consciente de la historia mediante omisiones, exageraciones y anacronismos” (Menton, 1993, p. 43). De tal modo, historia, verdad y ficción continuaron formando parte de la novela histórica. Claro que ahora, bajo los presupuestos indicados, ésta entró a competir con la historiografía en tanto advirtió que la verdad histórica no es un simple reflejo del pasado sino una construcción narrativa acerca de ese pasado. Ello igualó a la historia y a la nueva novela histórica a nivel discursivo.

Bibliografía

Burke, P. (2001a). Obertura: la Nueva Historia, su pasado y su futuro. En P. Burke (Ed.), Formas de hacer historia (pp. 13-38). (Traducción de José Luis Gil Aristu y Francisco Martín Arribas). Madrid: Alianza Editorial.

Burke, P. (2001b). Historia de los acontecimientos y renacimiento de la narración. En P. Burke (Ed.), Formas de hacer historia (pp. 325-342). (Traducción de José Luis Gil Aristu y Francisco Martín Arribas). Madrid: Alianza Editorial.

Carr, E. H. (1984). ¿Qué es la Historia? (Traducción de Joaquín Romero Maura). Barcelona: Editorial Ariel.

Chartier, R. (2007). La historia o la lectura del tiempo. (Traducción de Margarita Polo). Barcelona: Editorial Gedisa.

Collingwood, R. G. (1977). Idea de la historia. (Traducción de Edmundo O’Gorman y Jorge Hernández Campos). México, D.F.: FCE.

Fernández Prieto, C. (2003). Historia y novela: poética de la novela histórica. Navarra: EUNSA.

Menton, S. (1993). La nueva novela histórica de la América Latina, 1979-1992. México, D.F.: FCE.

Pacheco, C. (1997). Reinventar el pasado: la ficción como historia alternativa de América Latina. Kipus. Revista Andina de Letras, 6, 33-42.

Vattimo, G. (1986). El fin del sentido emancipador de la historia, El País, 6 de diciembre, 12-13.

Veyne, P. (1984). Cómo se escribe la historia. Foucault revoluciona la historia. (Traducción de Joaquina Aguilar). Madrid: Alianza Editorial.

Sobre el ensayo

Estimadas y estimados, recibiré consultas sólo hasta las 18:00 hrs. del viernes 16 y sólo responderé las que sean hechas mediante el blog.
Otra cosa. No me interesa un trabajo erudito, sino que demuestren una lectura atenta y comprensiva de las tres novelas y que sepan relacionar éstas con los estudios teórico-críticos que hemos leído.
Saludos!

Sobre las vanguardias europeas e hispanoamericanas

Como lo veíamos el lunes 5, el término "vanguardia" fue usado primeramente en dos ámbitos: el militar y el político. El militar prusiano Karl von Clausewitz, en su tratado De la guerra, fue el primero en usar el vocablo para referirse a los puestos de avanzada de un ejército, los cuales deben desempeñar dos funciones estratégicas principales: estudiar al enemigo con tal de adelantarse a sus planes e intimidarlo. En el terreno político, en tanto, la vanguardia se define como un grupo político movido por la utopía de un nuevo porvenir -desarrollado en el marco de las ideas comunistas o anarquistas- y cuya función primordial es dirigir al proletariado hacia la revolución social a fin de hacer efectiva tal utopía.


Para Eduardo Subirats, las concepciones militar y política de la “vanguardia” se proyectarán en el arte de comienzos del siglo XX -la primera como signo negativo/destructivo y la segunda como signo afirmativo/constructivo/normativo- para articular, entre ambas, la dialéctica propia de las vanguardias. Según el paradigma militar, las vanguardias históricas son entendidas como fuerzas de choque cuyo objetivo es destruir aquello que Peter Bürger identificó, por una parte, con el aparato de producción y distribución del arte y, por otra, con las ideas hegemónicas que sobre el arte existen en la sociedad burguesa; en otras palabras, la “institución arte”. De lo que se trataba, en el fondo, era de establecer una “ruptura con la tradición” (Bürger). Para ello, los artistas de vanguardia elaboraron obras destinadas a producir un efecto de shock en los receptores con la intención de que éstos se cuestionasen “su particular praxis vital” y se planteasen “la necesidad de transformarla” (Bürger). En este sentido, la obra vanguardista se abre al paradigma político de que habla Subirats, pues la ruptura no es la finalidad última que el arte persigue sino únicamente el medio que utiliza para posibilitar la construcción de “una nueva praxis vital”. El principio constructivo de esta nueva realidad que proponían las vanguardias históricas debía ser un principio racional. El nuevo escenario vital a edificar debía sustentarse en las innovaciones técnicas y científicas que la modernidad estaba generando puesto que sólo ellas permitirían el progreso de la humanidad. De ahí la confianza en la máquina: "La máquina apareció para la conciencia artística de comienzos de siglo bajo la doble dimensión de medio de poder técnico sobre la naturaleza y factor ordenador en un sentido social y simbólico al mismo tiempo. Este segundo aspecto resultó fundamental para la nueva perspectiva artística […] los movimientos artísticos revolucionarios de la posguerra celebraron precisamente su llegada como una fuerza racional, democrática, susceptible de igualar socialmente las clases y de liberar al hombre de las pesadas fatigas de la sobrevivencia" (Subirats).


Situadas en un contexto distinto, las vanguardias latinoamericanas se desarrollaron de un modo disímil a sus pares europeas. Por ello Nelson Osorio concluye que "si bien hay una comunidad de impulso [con las vanguardias europeas] y son comunes los sentimientos de crisis y la insurgencia antirretórica, las expresiones más importantes del vanguardismo hispanoamericano tienen sus raíces estético-ideológicas en un proceso propio de cuestionamiento crítico, tanto de la tradición literaria (el Modernismo) como de la realidad inmediata (la hegemonía oligárquica), proceso que se vincula al ascenso de nuevos sectores sociales en América Latina". 


Desde esta particular situación, la ruptura propugnada por el vanguardismo europeo fue asumida en América Latina "más como principio regenerador de la estrecha vinculación entre la realidad y la literatura que como instancia pura de destrucción" (Ángel Rama). Sin embargo, algunos escritores vanguardistas se apropiaron de la arenga rupturista europea, a raíz de lo cual se generó lo que Rama denomina una "doble vanguardia": por un lado, una que intenta "aprehender conjuntamente el sistema literario europeo"; y por otro, una vanguardia "cuyas obras se construyeron dentro del sistema literario latinoamericano apelando a sus estructuras y a sus contribuciones".


Esta duplicidad también se dio en el ámbito venezolano. Según Javier Lasarte Valcárcel, la vanguardia histórica que se definió como tal, y que va desde 1925 a 1930, se atiene a los rasgos de la irrupción (voluntad de diferenciación, espíritu algo iconoclasta y democratizante, confusión y no pocas contradicciones  y ambigüedades tanto estéticas como ideológicas) y corresponde al momento en que “todos eran uno”. Muchos cierran filas contra el régimen gomecista para dar lugar a una vanguardia política sembrada en 1928. Lasarte dice que después de 1930 no se habla más de vanguardia. Sin embargo, siguiendo a Juan Liscano, habla de un segundo momento, que iría de 1930 a 1945 y que estaría erigido sobre una base de identificación nacional y americana: “En él no sólo se produce un repliegue del reclamo de novedad, o la toma de diversos espacios públicos de parte de los jóvenes —en revistas, periódicos, cargos, nacientes partidos políticos…—, sino incluso una suerte de reconciliación o pacto, a veces franco y otras cariñosamente crítico, con la tradición más o menos inmediata […] Será también un momento en que unos y otros habrán perdido el sentido del humor y de lo iconoclasta, entregados como están a la búsqueda paciente y severa de trascendencias —a veces artísticas, pero la mayor parte de las veces ideológicas—, a la construcción, de parte de algunos, de la institución literaria, o, de parte de la mayoría, de una literatura propia y útil”. Es de destacar que LV excluye del segundo grupo a Las lanzas coloradas ya que considera que su temática, aun cuando se condiga con una base nacionalista y americanista, responde a la presión de la estética dominante del momento.

Lasarte indica como tendencia general en los escritores vanguardistas venezolanos (al menos hasta los años '40) dos aristas: a) el simultáneo convenimiento en la necesidad de renovación y el sometimiento a crítica de las nuevas ideas provenientes de Europa; b) lo que Rama llamaba la “vocación de insertarse en una comunidad local”.

Para finalizar y no extender más esta larga entrada, les recomiendo como lecturas acerca de Las lanzas coloradas dos artículos: "Las lanzas coloradas. El doloroso nacimiento de la República" (2007) de Begoña Pulido, el que pueden hallar en este enlace; y también "Del “gran hombre” a la “república de las vacas”: representaciones de la nación en la narrativa de la vanguardia histórica en Venezuela" (2008) de Javier Lasarte Valcárcel.

Saludos y nos vemos pronto!

Bibliografía

Bürger, P. (1997). Teoría de la vanguardia. (Traducción de Jorge García. Prólogo de Helio Piñón). Barcelona: Ediciones Península.

Lasarte Valcárcel, J. (2008). Historia de vanguardia. En H. Pöppel & M. Gomes (Eds.), Las vanguardias literarias en Bolivia, Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela: bibliografía y antología crítica. Madrid: Iberoamericana Editorial.

Osorio, N. (1988). Manifiestos, proclamas y polémicas de la vanguardia literaria hispanoamericana. Edición, selección, prólogo, notas y bibliografía de Nelson Osorio T. Caracas: Biblioteca Ayacucho.

Rama, Á. (2008). La novela en América Latina. Panoramas 1920-1980. Santiago de Chile: Ediciones Universidad Alberto Hurtado.

Subirats, E. (1989). El final de las vanguardias. Barcelona: Editorial Anthropos.

Cambio de fecha para entrega de ensayo

Estudiantes, recuerden que ayer acordamos dejar la entrega del ensayo para el lunes 19 de diciembre. Aprovechen esta semana extra que tienen para leer detenidamente las novelas, determinar con precisión el tema de su trabajo y realizar un excelente escrito.
¡Saludos!

Para elaborar su ensayo

Estimadas y estimados estudiantes, a continuación les dejo las indicaciones generales para desarrollar su ensayo. Recuerden que la fecha de entrega es el próximo lunes 12 de diciembre. Si tienen consultas, háganlas mediante comentarios a esta entrada (no directamente a mi correo personal). Saludos!


Objetivos de la actividad:


a) Evaluar la lectura de los estudios teóricos y críticos y de las novelas;
b) Demostrar una comprensión de los contenidos estudiados y de los textos leídos en el curso.
c) Relacionar creativamente los estudios teórico-críticos y las novelas leídas.

Indicaciones generales:

1) La actividad consiste en elaborar un ensayo que gire en torno a las tres novelas históricas leídas (Jicoténcal, Guatimozín y Las lanzas coloradas), empleando como base teórico-crítica los estudios de Celia Fernández Prieto, Georg Lukács y Noé Jitrik y los contenidos vistos clase a clase. Los estudios empleados (no es necesario que usen los tres, sino los que les sean útiles) y las novelas (éstas sí hay que usarlas todas) deben ser citados. Para tener más claridad en cuanto a lo que es un ensayo y cómo debe pensarse, les recomiendo la lectura de Tesis, monografías e informes de Mirta Botta (pp. 22-23).
2) Definir un tema con precisión en relación con las novelas leídas.
3) Definir una tesis con respecto al tema a desarrollar. Esta tesis debe ser explicitada en el ensayo.
4) El ensayo debe llevar un título creativo y vinculado con la tesis que se ensaya. 
5) No quiero una portada. La estructura de presentación es: a) título centrado en la parte superior de la hoja; b) bajo el título colocar el nombre personal alineado a la derecha de la hoja; c) luego del nombre personal debe estar el texto (alineación justificada y con guiones); d) bibliografía en hoja aparte; e) en caso de utilizar notas a pie de página, por favor colocarlas en la misma hoja donde son hechas (no al final del documento). 
6) En un ensayo el estilo debe ser personal, sin que ello signifique perder rigurosidad intelectual.
7)  Bibliografía. Aunque en un ensayo no sea obligación referir a las fuentes empleadas, en este caso se los voy a pedir. Recuerden que las citas y la bibliografía deben hacerse según el formato APA. En este enlace pueden hallar las indicaciones necesarias.
8) Letra: Times New Roman tamaño 12.
9) Extensión: 5 páginas con un espaciado de 1,5 (no incluye bibliografía).
10) Preocupación por la ortografía y la redacción clara.