Sobre las vanguardias europeas e hispanoamericanas

Como lo veíamos el lunes 5, el término "vanguardia" fue usado primeramente en dos ámbitos: el militar y el político. El militar prusiano Karl von Clausewitz, en su tratado De la guerra, fue el primero en usar el vocablo para referirse a los puestos de avanzada de un ejército, los cuales deben desempeñar dos funciones estratégicas principales: estudiar al enemigo con tal de adelantarse a sus planes e intimidarlo. En el terreno político, en tanto, la vanguardia se define como un grupo político movido por la utopía de un nuevo porvenir -desarrollado en el marco de las ideas comunistas o anarquistas- y cuya función primordial es dirigir al proletariado hacia la revolución social a fin de hacer efectiva tal utopía.


Para Eduardo Subirats, las concepciones militar y política de la “vanguardia” se proyectarán en el arte de comienzos del siglo XX -la primera como signo negativo/destructivo y la segunda como signo afirmativo/constructivo/normativo- para articular, entre ambas, la dialéctica propia de las vanguardias. Según el paradigma militar, las vanguardias históricas son entendidas como fuerzas de choque cuyo objetivo es destruir aquello que Peter Bürger identificó, por una parte, con el aparato de producción y distribución del arte y, por otra, con las ideas hegemónicas que sobre el arte existen en la sociedad burguesa; en otras palabras, la “institución arte”. De lo que se trataba, en el fondo, era de establecer una “ruptura con la tradición” (Bürger). Para ello, los artistas de vanguardia elaboraron obras destinadas a producir un efecto de shock en los receptores con la intención de que éstos se cuestionasen “su particular praxis vital” y se planteasen “la necesidad de transformarla” (Bürger). En este sentido, la obra vanguardista se abre al paradigma político de que habla Subirats, pues la ruptura no es la finalidad última que el arte persigue sino únicamente el medio que utiliza para posibilitar la construcción de “una nueva praxis vital”. El principio constructivo de esta nueva realidad que proponían las vanguardias históricas debía ser un principio racional. El nuevo escenario vital a edificar debía sustentarse en las innovaciones técnicas y científicas que la modernidad estaba generando puesto que sólo ellas permitirían el progreso de la humanidad. De ahí la confianza en la máquina: "La máquina apareció para la conciencia artística de comienzos de siglo bajo la doble dimensión de medio de poder técnico sobre la naturaleza y factor ordenador en un sentido social y simbólico al mismo tiempo. Este segundo aspecto resultó fundamental para la nueva perspectiva artística […] los movimientos artísticos revolucionarios de la posguerra celebraron precisamente su llegada como una fuerza racional, democrática, susceptible de igualar socialmente las clases y de liberar al hombre de las pesadas fatigas de la sobrevivencia" (Subirats).


Situadas en un contexto distinto, las vanguardias latinoamericanas se desarrollaron de un modo disímil a sus pares europeas. Por ello Nelson Osorio concluye que "si bien hay una comunidad de impulso [con las vanguardias europeas] y son comunes los sentimientos de crisis y la insurgencia antirretórica, las expresiones más importantes del vanguardismo hispanoamericano tienen sus raíces estético-ideológicas en un proceso propio de cuestionamiento crítico, tanto de la tradición literaria (el Modernismo) como de la realidad inmediata (la hegemonía oligárquica), proceso que se vincula al ascenso de nuevos sectores sociales en América Latina". 


Desde esta particular situación, la ruptura propugnada por el vanguardismo europeo fue asumida en América Latina "más como principio regenerador de la estrecha vinculación entre la realidad y la literatura que como instancia pura de destrucción" (Ángel Rama). Sin embargo, algunos escritores vanguardistas se apropiaron de la arenga rupturista europea, a raíz de lo cual se generó lo que Rama denomina una "doble vanguardia": por un lado, una que intenta "aprehender conjuntamente el sistema literario europeo"; y por otro, una vanguardia "cuyas obras se construyeron dentro del sistema literario latinoamericano apelando a sus estructuras y a sus contribuciones".


Esta duplicidad también se dio en el ámbito venezolano. Según Javier Lasarte Valcárcel, la vanguardia histórica que se definió como tal, y que va desde 1925 a 1930, se atiene a los rasgos de la irrupción (voluntad de diferenciación, espíritu algo iconoclasta y democratizante, confusión y no pocas contradicciones  y ambigüedades tanto estéticas como ideológicas) y corresponde al momento en que “todos eran uno”. Muchos cierran filas contra el régimen gomecista para dar lugar a una vanguardia política sembrada en 1928. Lasarte dice que después de 1930 no se habla más de vanguardia. Sin embargo, siguiendo a Juan Liscano, habla de un segundo momento, que iría de 1930 a 1945 y que estaría erigido sobre una base de identificación nacional y americana: “En él no sólo se produce un repliegue del reclamo de novedad, o la toma de diversos espacios públicos de parte de los jóvenes —en revistas, periódicos, cargos, nacientes partidos políticos…—, sino incluso una suerte de reconciliación o pacto, a veces franco y otras cariñosamente crítico, con la tradición más o menos inmediata […] Será también un momento en que unos y otros habrán perdido el sentido del humor y de lo iconoclasta, entregados como están a la búsqueda paciente y severa de trascendencias —a veces artísticas, pero la mayor parte de las veces ideológicas—, a la construcción, de parte de algunos, de la institución literaria, o, de parte de la mayoría, de una literatura propia y útil”. Es de destacar que LV excluye del segundo grupo a Las lanzas coloradas ya que considera que su temática, aun cuando se condiga con una base nacionalista y americanista, responde a la presión de la estética dominante del momento.

Lasarte indica como tendencia general en los escritores vanguardistas venezolanos (al menos hasta los años '40) dos aristas: a) el simultáneo convenimiento en la necesidad de renovación y el sometimiento a crítica de las nuevas ideas provenientes de Europa; b) lo que Rama llamaba la “vocación de insertarse en una comunidad local”.

Para finalizar y no extender más esta larga entrada, les recomiendo como lecturas acerca de Las lanzas coloradas dos artículos: "Las lanzas coloradas. El doloroso nacimiento de la República" (2007) de Begoña Pulido, el que pueden hallar en este enlace; y también "Del “gran hombre” a la “república de las vacas”: representaciones de la nación en la narrativa de la vanguardia histórica en Venezuela" (2008) de Javier Lasarte Valcárcel.

Saludos y nos vemos pronto!

Bibliografía

Bürger, P. (1997). Teoría de la vanguardia. (Traducción de Jorge García. Prólogo de Helio Piñón). Barcelona: Ediciones Península.

Lasarte Valcárcel, J. (2008). Historia de vanguardia. En H. Pöppel & M. Gomes (Eds.), Las vanguardias literarias en Bolivia, Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela: bibliografía y antología crítica. Madrid: Iberoamericana Editorial.

Osorio, N. (1988). Manifiestos, proclamas y polémicas de la vanguardia literaria hispanoamericana. Edición, selección, prólogo, notas y bibliografía de Nelson Osorio T. Caracas: Biblioteca Ayacucho.

Rama, Á. (2008). La novela en América Latina. Panoramas 1920-1980. Santiago de Chile: Ediciones Universidad Alberto Hurtado.

Subirats, E. (1989). El final de las vanguardias. Barcelona: Editorial Anthropos.

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